La última milla representa el punto de contacto directo entre la empresa y el consumidor. Allí se juega gran parte de la percepción del servicio: tiempos de entrega, estado del producto, flexibilidad horaria y capacidad de respuesta ante imprevistos. Un retraso, una entrega fallida o una mala comunicación pueden afectar seriamente la reputación de una marca, incluso si el resto de la cadena funcionó de manera eficiente.

Uno de los principales factores que complejizan la logística de última milla es el crecimiento sostenido del comercio electrónico. La multiplicación de envíos pequeños, personalizados y con destinos diversos exige una operativa mucho más dinámica que la distribución tradicional. A diferencia de los grandes volúmenes enviados a pocos puntos, hoy se trata de llegar a miles de direcciones distintas, muchas veces en zonas urbanas congestionadas.

A esto se suma la expectativa de entregas cada vez más rápidas. Los envíos en el día, en 24 horas o incluso en franjas horarias específicas se volvieron un estándar en muchos mercados. Cumplir con estas promesas requiere planificación precisa, tecnología, flotas adaptadas y una coordinación constante entre todos los actores involucrados.

Las ciudades son otro gran desafío. El tránsito intenso, las restricciones de circulación, la falta de espacios para carga y descarga y las normativas municipales complican la operación diaria. En este contexto, las empresas deben repensar sus estrategias logísticas, incorporando soluciones más flexibles y sustentables para evitar demoras y sobrecostos.

El costo operativo de la última milla es uno de los más altos de toda la cadena logística. Combustible, mantenimiento de vehículos, personal, tecnología y gestión de devoluciones impactan directamente en la rentabilidad. Optimizar recorridos, reducir entregas fallidas y mejorar la comunicación con el cliente final son acciones clave para controlar estos costos sin afectar la calidad del servicio.

La tecnología se volvió una aliada indispensable. Sistemas de geolocalización, software de ruteo inteligente, seguimiento en tiempo real y notificaciones automáticas permiten mejorar la eficiencia y brindar mayor transparencia al cliente. Además, el uso de datos ayuda a anticipar demandas, ajustar horarios y detectar puntos críticos en la operación.

Otro aspecto crítico es la gestión de las devoluciones, conocida como logística inversa. En tiempos de compras online, las devoluciones son cada vez más frecuentes y forman parte de la experiencia del usuario. Resolverlas de manera ágil y ordenada es tan importante como concretar la entrega inicial, ya que influye directamente en la fidelización del cliente.

La sustentabilidad también ocupa un lugar central en la logística de última milla. La presión por reducir la huella ambiental impulsa el uso de vehículos eléctricos, bicicletas de carga, puntos de entrega compartidos y embalajes más responsables. Estas iniciativas no solo responden a una demanda social creciente, sino que también ayudan a optimizar recursos y mejorar la imagen corporativa.

En este escenario, el factor humano sigue siendo clave. Conductores, repartidores y operadores cumplen un rol fundamental en el éxito de la última milla. Capacitación constante, condiciones laborales adecuadas y una comunicación clara son elementos indispensables para sostener un servicio eficiente y confiable.

En definitiva, la logística de última milla se ha transformado en el eslabón más desafiante de la cadena, pero también en una gran oportunidad de diferenciación. Las empresas que logren adaptarse a las nuevas demandas, invertir en tecnología, optimizar procesos y poner al cliente en el centro estarán mejor posicionadas para competir en un mercado donde la rapidez y la eficiencia ya no son un valor agregado, sino una expectativa básica.